Lugares para coger, follar o hacer el amor



1. LOS BAÑOS PÚBLICOS, UN CLÁSICO
No estamos descubriendo nada nuevo, ya lo sabemos; pero no se trata de ligar en el urinario de pared, lanzando miradas furtivas, a la vez que interesadas al desconocido usuario del sanitario de al lado. Es seguir este ritual con nuestra propia pareja. Representar una pequeña comedia, tan antigua como el mundo, que a ojos de los demás, puede parecer un encuentro fortuito entre dos desconocidos, ante la premura de un calentón. Imprescindible que haya testigos. El mantener sexo en una de las cabinas cerradas, a sabiendas que en el exterior, el resto de usuarios está más pendiente de nuestros jadeos que de sus necesidades biológicas, aumenta considerablemente el grado de excitación.


2. EL COCHE
Seguimos con los clásicos. Aunque la mayoría de las veces, su utilización obedece a la necesidad, puede ser una opción y una buena ocasión de recordar nuestros 18 años y el coche de papá, volviendo a sentirse adolescente. Y aunque ya sabemos que es muy difícil hacer el amor en un SIMCA 100 y en cualquier otro vehículo, las estrecheces y diseño del auto pondrán a prueba nuestro ingenio y elasticidad, ganando puntos ante nuestro partenaire. No es recomendable sustituir el coche por una moto y mucho menos por un ciclomotor.
3. EL APARCAMIENTO DEL CINE, EL AEROPUERTO, EL CENTRO COMERCIAL, LA DISCO…
Aquí no es imprescindible el coche, pero si no lo tenemos ¿qué narices hacemos allí? Pues eso, buscar un lugar tranquilo y alternativo donde dar rienda suelta a nuestra pasión. Los menos originales son los de las discotecas, ya que la mayoría de usuarios los utilizan como picadero, por lo que casi hay que pedir el turno o la vez, como en la carnicería. Otros muy concurridos son los de las áreas de servicio, donde se puede tener una historia de pasión e intercambio de fluidos con algún camionero, sin demasiada dificultad. Los de los hipermercados y centros comerciales en general, requieren pareja propia y tienen el morbo de que nos pueden descubrir con las manos en la masa en cualquier momento, lo que intensifica la excitación.
4. LA TERRAZA
Preferiblemente la de un hotel, pero si somos lo suficientemente descarados, también puede ser la nuestra (o la de nuestra pareja, si es ocasional. Total, no la vamos a volver a ver). En verano resulta ideal. La brisa del atardecer… Mejor si está junto al mar o a la sierra. El morbo de ser espiados por los vecinos de las terrazas contiguas… Echar de tanto en tanto un ojo para ver las caras, ya sea de escándalo, envidia o deseo, semiescondidas tras los visillos, es un valor erógeno añadido. No se recomienda ponerlo en práctica si nos alojamos en una república islámica o en el barrio ultraortodoxo de Jerusalén.
5. EN LA PLAYA
Es innegable que el sol y el olor a mar, aumentan la excitación. La fantasía de montárselo en una playa desierta, ha pasado por la cabeza de todos en un momento u otro pero…¡es tan difícil encontrar una playa que no esté abarrotada hasta la bandera! Recomendamos una playa, algo apartada, a la hora del ocaso. Esa hora bruja, de la puesta de sol, en que los bañistas y amantes del bronceado, empiezan a retirarse discretamente. La arena caliente, la caricia de las olas y su acompasado sonido, serán un romántico estimulante. Y si nos gusta el sexo en grupo…¿quién sabe? Tal vez algún rezagado nos proponga unirse a la fiesta.
6. EL  BOSQUE
Ya lo se; esto no es ninguna novedad. Tanto los bosques como los bosquecillos de parques y jardines, están sempiternamente plagados de vida, no necesariamente inteligente, pero si sexual. Pero aquí nos referimos a la campiña, el bosque en estado puro, alejado considerablemente de un núcleo urbano. El olor a rododendros y madreselvas, mezcladas con el aroma a pino, resultan de lo más bucólico.El robusto tronco de un árbol, puede ser un ideal punto de apoyo (cuidado con la resina, cuesta horrores quitar sus manchas) y el lecho del bosque, un mullido colchón (atención a la pinaza, que pincha cosa mala, sobre todo en partes delicadas). También aquí, un ciclista o un excursionista despistado, puede pasar de mero espectador a miembro activo de nuestros juegos.
7. EN CASA AJENA
Qué bonitas son esas reuniones de amigos, con sus maravillosas y cuidadas cenas y las interminables sobremesas que vienen luego, copa en mano, charlando agradablemente de lo humano y lo divino. Este es el momento que, aprovechando lo animado de la tertulia, desaparecer discretamente, con cualquier excusa (visita al baño, un vaso de agua) y hacer uso de la habitación y la cama de nuestros anfitriones. La mayoría de veces y pasados diez minutos, estos ya se han quedado con la copla de donde estáis y haciendo que (no subestimemos a nuestros amigos; no son idiotas), pero harán como que no. No suele funcionar cuando se trata de una cena de tan solo cuatro personas (se nota demasiado nuestra ausencia) o si somos nosotros los anfitriones.
8. EN LA OFICINA
El fornido empleado de la empresa de mensajería entra en nuestro despacho, cargando un pesado paquete que pone en tensión los poderosos músculos de sus brazos. Tras firmarle el recibo, le preguntamos si no tiene otro paquete par nosotros, mientras cerramos la puerta y el despeja la mesa de trabajo, con viril furia, dispuesto a hacernos una nueva entrega. Esta es una fantasía que está en la mente de todos, aunque podemos cambiar al mensajero por el cartero, el jefe de comercial o el chico de las fotocopias. Y aquí quería llegar. Otro clásico es hacerlo sobre la fotocopiadora, mientras esta está en pleno funcionamiento. El movimiento de la máquina añadirá nuevas sensaciones a nuestras relaciones. Sea como fuere, tales prácticas nos proporcionaran una motivación extra para ir a trabajar cada día.